Quizás sean estragos de los cigarillos mágicos
o esos abrazos de la gente que te quiere porque sí.
Puede que simplemente sea la mezcla del cansancio,
la imaginación y los pequeños detalles de las historietas
con las que Millás cautiva,
pero hoy volví a mirar “raro” a través de los de siempre.
Volvieron a sonar las campanas de la incertidumbre
cuando sentí aquel desconcierto
y los doscientos cuatro segundos siguientes
el tiempo, juro, se paró.
Quise gritar y callar a la vez
mientras el murmullo se hacía aun más sordo.
Las personas con calidad de bulto que me rodeaban,
entrometidas en sus vidas y charlas,
ni se habían percatado.
Comencé a sentirme vulnerable e irascible, asustada
pero más consciente que nunca del significado de aquellos paisajes.
Por un momento, el misterio se había enigmáticamente rendido ante lo absurdo, mientras la tarde dudaba si resistir o entregarse a las fuerzas de la noche.
Pasados unos minutos, la sensación se esfumó y la tranquilidad volvió.
Debió ser eso que llaman la quinta esencia.
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despegue desagradable, trayecto "tranquile"
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